¿La reserva en sombra de Bitcoin de 60 mil millones de dólares aparece ahora? ¿La situación geopolítica en Venezuela podría desencadenar una marea de suministro en el mercado global de BTC?
En enero de 2026, con la toma de control del país por parte del gobierno venezolano bajo la operación liderada por Estados Unidos, salió a la luz la tan rumoreada gran reserva de Bitcoin “en la sombra” del país. Según informes de inteligencia, Venezuela podría haber acumulado entre 600,000 y 660,000 bitcoins mediante intercambios de oro, liquidaciones en petróleo en USDT y confiscaciones de mineros domésticos, con un valor aproximado de 60 mil millones a 67 mil millones de dólares, representando cerca del 3% del suministro total actual de Bitcoin.
Esta escala la sitúa en igualdad de condiciones con los principales poseedores institucionales como BlackRock, MicroStrategy y otros. La propiedad final de estos activos—si serán congelados por EE. UU., incorporados a reservas estratégicas o forzados a venderse—será la variable más decisiva en 2026 para influir en la oferta y demanda global de Bitcoin y en el sentimiento del mercado, pudiendo desencadenar un impacto de suministro sin precedentes a largo plazo.
Apuesta criptográfica a nivel nacional: La revelación completa de la reserva en la sombra de Venezuela
Durante mucho tiempo, los rumores sobre la acumulación secreta de Bitcoin por parte del gobierno venezolano han circulado en círculos reducidos, pero siempre sin pruebas concluyentes. Los terremotos políticos a principios de 2026, como una llave, abrieron de golpe la “caja negra” que podría albergar la mayor reserva soberana de Bitcoin del mundo. Según informes de instituciones como Whale Hunting, citando fuentes de inteligencia, el régimen de Maduro desde 2018 inició un plan sistemático y multifacético de acumulación de Bitcoin, motivado por las severas sanciones económicas y la inflación galopante que enfrenta el país. Este plan no fue improvisado, sino cuidadosamente diseñado como un “bote de escape” y reserva estratégica fuera del sistema financiero tradicional.
La construcción de esta reserva se basa principalmente en tres canales complementarios. Primero, y el más importante, el intercambio de oro. Entre 2018 y 2020, Venezuela exportó varias decenas de toneladas de oro desde la región minera de Orinoco, y convirtió aproximadamente 2 mil millones de dólares en ingresos por ventas, a un precio promedio de unos 5,000 dólares por onza, en bitcoins. Solo esta compra temprana de bitcoins, a precios actuales, ha aumentado su valor a aproximadamente 36 mil millones de dólares, constituyendo la base de su reserva criptográfica. En segundo lugar, tras el fracaso total del Petro, en 2023, el gobierno de Maduro obligó a su petrolera estatal PDVSA a aceptar USDT como moneda de liquidación en las exportaciones de petróleo. Estos stablecoins se “limpian” y convierten en bitcoins mediante canales complejos, con el fin de evitar el congelamiento de cuentas bajo sanciones estadounidenses y reducir la dependencia del dólar. Finalmente, mediante la represión y confiscación de actividades mineras domésticas, el gobierno ha incautado una cantidad significativa de equipos y bitcoins ya producidos, ampliando aún más la reserva.
Datos clave sobre la reserva en la sombra de Bitcoin de Venezuela
Valor total estimado: entre 600,000 y 660,000 bitcoins, valorado en aproximadamente 60 mil millones a 67 mil millones de dólares.
Proporción respecto a la circulación: cerca del 3% del suministro total de Bitcoin.
Principales fuentes de construcción:
Intercambio de oro (2018-2020): aproximadamente 2 mil millones de dólares en ingresos por oro, convertidos en bitcoins a un precio medio de 5,000 dólares.
Liquidación en petróleo (2023-2025): exportaciones en USDT, posteriormente convertidos en bitcoins.
Confiscaciones internas: mediante incautación de equipos mineros y bitcoins producidos.
Referencia comparativa: escala mucho mayor que los 50,000 bitcoins que el gobierno alemán vendió en 2024; comparable a la posición de MicroStrategy.
De las calles al tesoro: La revolución de supervivencia con criptomonedas en Venezuela
Para entender por qué el gobierno venezolano realiza una acumulación tan extrema de activos criptográficos, hay que situarlo en el contexto más amplio en el que la población ya ha integrado las criptomonedas en su vida cotidiana. Para la mayoría de los venezolanos, Bitcoin y stablecoins no son herramientas de especulación, sino elementos esenciales para sobrevivir ante el colapso económico. Según un informe de la firma de análisis blockchain Chainalysis, a finales de 2025, Venezuela ocupa el puesto 17 en el índice global de adopción de criptomonedas, liderando en América Latina. La inflación galopante (que en algunos años superó el 200% anual) ha provocado una rápida depreciación del bolívar, y las sanciones financieras de EE. UU. han cortado el acceso a los principales sistemas de pago globales.
En este entorno extremo, las criptomonedas han demostrado una resistencia y un valor social sorprendentes. Datos muestran que, a finales de 2025, hasta el 10% de las compras diarias de alimentos básicos se realizan con criptomonedas, y cerca del 40% de las transferencias P2P también dependen de ellas. Además, las remesas enviadas desde el extranjero a través de USDT representan casi el 10% de las divisas que ingresan al país, siendo una línea de vida crucial para muchas familias. Este uso masivo, impulsado desde abajo por la demanda popular, ha proporcionado una base social y un ambiente técnico para las operaciones criptográficas del gobierno. La autoridad ha observado cómo las criptomonedas permiten a la población sortear sanciones y preservar valor, y ha escalado su estrategia, pasando de una adaptación pasiva a un aprovechamiento activo, trasladando las operaciones de comercio y reservas nacionales a esta “línea de batalla digital”.
Por tanto, la reserva de Bitcoin del régimen de Maduro es, en esencia, un caso a escala nacional que muestra de forma extrema el papel que puede jugar la criptomoneda como “sistema financiero paralelo” cuando las monedas fiduciarias tradicionales y la infraestructura financiera fallan. Esto no solo afecta a la rentabilidad de las inversiones, sino también a la soberanía económica, el comercio transfronterizo y la supervivencia de la población. Esta “revolución criptográfica callejera”, que comenzó en la sociedad civil, ha obligado finalmente a las instituciones estatales a participar, formando un experimento completo de ecosistema criptográfico desde abajo hacia arriba. El resultado de este experimento, debido a cambios políticos abruptos, se ha convertido en una gran incógnita que pende sobre los mercados financieros globales.
¿Qué destino para los activos de las ballenas? Tres opciones estratégicas para EE. UU.
Con la caída efectiva del régimen de Maduro, la gestión final de esos 600,000 bitcoins ha pasado en gran medida a manos de EE. UU. y del gobierno de transición apoyado por ellos. Esto ya no es solo una cuestión de confiscación de activos, sino una decisión geopolítica que afectará profundamente la estructura del mercado global de Bitcoin. Actualmente, los analistas consideran que hay tres escenarios posibles, cada uno con resultados de mercado muy diferentes.
El primero, y el más probable, es la congelación judicial a largo plazo. El gobierno estadounidense podría, mediante orden judicial, bloquear estos activos en direcciones específicas, esperando largos procesos legales internacionales para determinar la propiedad. Este proceso podría durar entre 5 y 10 años o más. Desde la perspectiva del mercado, esto equivaldría a “extraer” permanentemente del mercado un 3% del suministro de Bitcoin, creando una escasez artificial y prolongada. Sin duda, esto generaría un escenario muy alcista, ya que la oferta disponible para comerciar se reduciría sustancialmente, y si la demanda se mantiene o aumenta, la presión alcista sería enorme. Es similar a la recompra y cancelación de acciones por parte de las empresas.
El segundo escenario es la incorporación de estos bitcoins a las reservas estratégicas de EE. UU. La Administración podría nacionalizarlos y gestionarlos como parte de un “stock estratégico digital” bajo control del Tesoro o la Reserva Federal. Este movimiento tendría un simbolismo histórico, reconociendo oficialmente a Bitcoin como activo de reserva estratégica. Además, podría impulsar a otros países a seguir el ejemplo, generando una tendencia global de fondos soberanos invirtiendo en Bitcoin. Para el mercado, sería similar a la congelación, en tanto que implica un bloqueo a largo plazo, pero con un mensaje político más fuerte y potencialmente más beneficioso.
El tercer escenario, y el más temido por el mercado aunque considerado menos probable, es la venta gradual mediante subastas. La transición o el Departamento de Justicia podrían vender estos bitcoins en el mercado abierto o en transacciones privadas, en fases. La historia de la venta de 50,000 bitcoins por parte del estado alemán en 2024, que provocó una caída del 15-20%, muestra que una venta de 600,000 bitcoins sería catastrófica. Inundaría la liquidez del mercado y provocaría una caída en espiral de los precios. Sin embargo, la mayoría de los analistas creen que los responsables estadounidenses son conscientes del daño que esto causaría y que el valor estratégico de mantenerlos supera con creces la ganancia de una venta rápida, por lo que la venta masiva sería la opción menos probable.
El “factor Venezuela” en el mercado global de Bitcoin: de la volatilidad a la reconfiguración a largo plazo
Independientemente del camino final, la “reserva en la sombra” de Venezuela está destinada a convertirse en un “factor ballena” en los mercados de Bitcoin en 2026 y en los años siguientes. Su existencia y posibles movimientos reconfigurarán la lógica del mercado desde múltiples dimensiones.
A corto plazo, el mayor impacto será la volatilidad por incertidumbre. Hasta que se aclaren completamente los derechos de control y las claves privadas se transfieran de forma segura (se informa que las claves podrían estar dispersas mediante mecanismos de múltiples firmas), el mercado seguirá bajo la sombra de una “gran venta”. Cualquier rumor sobre desbloqueos o disposiciones puede desencadenar ventas de pánico. Sin embargo, al igual que tras la noticia de la detención de Maduro, en que el precio de Bitcoin mostró una recuperación tras una breve volatilidad, el mercado está aprendiendo a digerir este evento extremo. Los inversores institucionales más maduros probablemente lo verán como una potencial reducción de oferta a largo plazo, y en caídas por pánico, podrán cubrirse o absorber.
A largo plazo, el impacto será aún más profundo. En primer lugar, confirma la utilidad definitiva de Bitcoin como “activo de resistencia a sanciones”. Un Estado soberano, enfrentado a un bloqueo financiero total, puede aún así construir reservas transfronterizas de cientos de millones de dólares en Bitcoin, difícilmente congelables. Esto sirve como ejemplo para otros países o entidades con riesgos geopolíticos similares, acelerando la tendencia de diversificación de activos soberanos hacia las criptomonedas. En segundo lugar, resalta la visión de diseño deflacionario de Bitcoin. Independientemente de la volatilidad, el límite de 21 millones de monedas no cambiará. La eliminación del 3% del suministro en circulación, en un mercado tradicional, sería catastrófico, pero en Bitcoin, debido a su protocolo deflacionario, este impacto quedará permanentemente incorporado en el mecanismo de descubrimiento de precios.
En definitiva, la historia de Venezuela es un ejemplo mordaz de cómo la narrativa de las criptomonedas pasa de ser un tema marginal a un elemento central. Ya no se trata solo de innovación tecnológica o especulación financiera, sino de supervivencia estatal, de juego geopolítico global y de la definición de soberanía de activos. Para cada participante del mercado, entender el “factor Venezuela” es entender cómo, en esta nueva era, las mareas geopolíticas pueden transmitirse a través de líneas de código en blockchain, afectando cada cuenta de activos digitales. La gran obra protagonizada por 600,000 bitcoins acaba de comenzar.
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¿La reserva en sombra de Bitcoin de 60 mil millones de dólares aparece ahora? ¿La situación geopolítica en Venezuela podría desencadenar una marea de suministro en el mercado global de BTC?
En enero de 2026, con la toma de control del país por parte del gobierno venezolano bajo la operación liderada por Estados Unidos, salió a la luz la tan rumoreada gran reserva de Bitcoin “en la sombra” del país. Según informes de inteligencia, Venezuela podría haber acumulado entre 600,000 y 660,000 bitcoins mediante intercambios de oro, liquidaciones en petróleo en USDT y confiscaciones de mineros domésticos, con un valor aproximado de 60 mil millones a 67 mil millones de dólares, representando cerca del 3% del suministro total actual de Bitcoin.
Esta escala la sitúa en igualdad de condiciones con los principales poseedores institucionales como BlackRock, MicroStrategy y otros. La propiedad final de estos activos—si serán congelados por EE. UU., incorporados a reservas estratégicas o forzados a venderse—será la variable más decisiva en 2026 para influir en la oferta y demanda global de Bitcoin y en el sentimiento del mercado, pudiendo desencadenar un impacto de suministro sin precedentes a largo plazo.
Apuesta criptográfica a nivel nacional: La revelación completa de la reserva en la sombra de Venezuela
Durante mucho tiempo, los rumores sobre la acumulación secreta de Bitcoin por parte del gobierno venezolano han circulado en círculos reducidos, pero siempre sin pruebas concluyentes. Los terremotos políticos a principios de 2026, como una llave, abrieron de golpe la “caja negra” que podría albergar la mayor reserva soberana de Bitcoin del mundo. Según informes de instituciones como Whale Hunting, citando fuentes de inteligencia, el régimen de Maduro desde 2018 inició un plan sistemático y multifacético de acumulación de Bitcoin, motivado por las severas sanciones económicas y la inflación galopante que enfrenta el país. Este plan no fue improvisado, sino cuidadosamente diseñado como un “bote de escape” y reserva estratégica fuera del sistema financiero tradicional.
La construcción de esta reserva se basa principalmente en tres canales complementarios. Primero, y el más importante, el intercambio de oro. Entre 2018 y 2020, Venezuela exportó varias decenas de toneladas de oro desde la región minera de Orinoco, y convirtió aproximadamente 2 mil millones de dólares en ingresos por ventas, a un precio promedio de unos 5,000 dólares por onza, en bitcoins. Solo esta compra temprana de bitcoins, a precios actuales, ha aumentado su valor a aproximadamente 36 mil millones de dólares, constituyendo la base de su reserva criptográfica. En segundo lugar, tras el fracaso total del Petro, en 2023, el gobierno de Maduro obligó a su petrolera estatal PDVSA a aceptar USDT como moneda de liquidación en las exportaciones de petróleo. Estos stablecoins se “limpian” y convierten en bitcoins mediante canales complejos, con el fin de evitar el congelamiento de cuentas bajo sanciones estadounidenses y reducir la dependencia del dólar. Finalmente, mediante la represión y confiscación de actividades mineras domésticas, el gobierno ha incautado una cantidad significativa de equipos y bitcoins ya producidos, ampliando aún más la reserva.
Datos clave sobre la reserva en la sombra de Bitcoin de Venezuela
Valor total estimado: entre 600,000 y 660,000 bitcoins, valorado en aproximadamente 60 mil millones a 67 mil millones de dólares.
Proporción respecto a la circulación: cerca del 3% del suministro total de Bitcoin.
Principales fuentes de construcción:
Intercambio de oro (2018-2020): aproximadamente 2 mil millones de dólares en ingresos por oro, convertidos en bitcoins a un precio medio de 5,000 dólares.
Liquidación en petróleo (2023-2025): exportaciones en USDT, posteriormente convertidos en bitcoins.
Confiscaciones internas: mediante incautación de equipos mineros y bitcoins producidos.
Referencia comparativa: escala mucho mayor que los 50,000 bitcoins que el gobierno alemán vendió en 2024; comparable a la posición de MicroStrategy.
De las calles al tesoro: La revolución de supervivencia con criptomonedas en Venezuela
Para entender por qué el gobierno venezolano realiza una acumulación tan extrema de activos criptográficos, hay que situarlo en el contexto más amplio en el que la población ya ha integrado las criptomonedas en su vida cotidiana. Para la mayoría de los venezolanos, Bitcoin y stablecoins no son herramientas de especulación, sino elementos esenciales para sobrevivir ante el colapso económico. Según un informe de la firma de análisis blockchain Chainalysis, a finales de 2025, Venezuela ocupa el puesto 17 en el índice global de adopción de criptomonedas, liderando en América Latina. La inflación galopante (que en algunos años superó el 200% anual) ha provocado una rápida depreciación del bolívar, y las sanciones financieras de EE. UU. han cortado el acceso a los principales sistemas de pago globales.
En este entorno extremo, las criptomonedas han demostrado una resistencia y un valor social sorprendentes. Datos muestran que, a finales de 2025, hasta el 10% de las compras diarias de alimentos básicos se realizan con criptomonedas, y cerca del 40% de las transferencias P2P también dependen de ellas. Además, las remesas enviadas desde el extranjero a través de USDT representan casi el 10% de las divisas que ingresan al país, siendo una línea de vida crucial para muchas familias. Este uso masivo, impulsado desde abajo por la demanda popular, ha proporcionado una base social y un ambiente técnico para las operaciones criptográficas del gobierno. La autoridad ha observado cómo las criptomonedas permiten a la población sortear sanciones y preservar valor, y ha escalado su estrategia, pasando de una adaptación pasiva a un aprovechamiento activo, trasladando las operaciones de comercio y reservas nacionales a esta “línea de batalla digital”.
Por tanto, la reserva de Bitcoin del régimen de Maduro es, en esencia, un caso a escala nacional que muestra de forma extrema el papel que puede jugar la criptomoneda como “sistema financiero paralelo” cuando las monedas fiduciarias tradicionales y la infraestructura financiera fallan. Esto no solo afecta a la rentabilidad de las inversiones, sino también a la soberanía económica, el comercio transfronterizo y la supervivencia de la población. Esta “revolución criptográfica callejera”, que comenzó en la sociedad civil, ha obligado finalmente a las instituciones estatales a participar, formando un experimento completo de ecosistema criptográfico desde abajo hacia arriba. El resultado de este experimento, debido a cambios políticos abruptos, se ha convertido en una gran incógnita que pende sobre los mercados financieros globales.
¿Qué destino para los activos de las ballenas? Tres opciones estratégicas para EE. UU.
Con la caída efectiva del régimen de Maduro, la gestión final de esos 600,000 bitcoins ha pasado en gran medida a manos de EE. UU. y del gobierno de transición apoyado por ellos. Esto ya no es solo una cuestión de confiscación de activos, sino una decisión geopolítica que afectará profundamente la estructura del mercado global de Bitcoin. Actualmente, los analistas consideran que hay tres escenarios posibles, cada uno con resultados de mercado muy diferentes.
El primero, y el más probable, es la congelación judicial a largo plazo. El gobierno estadounidense podría, mediante orden judicial, bloquear estos activos en direcciones específicas, esperando largos procesos legales internacionales para determinar la propiedad. Este proceso podría durar entre 5 y 10 años o más. Desde la perspectiva del mercado, esto equivaldría a “extraer” permanentemente del mercado un 3% del suministro de Bitcoin, creando una escasez artificial y prolongada. Sin duda, esto generaría un escenario muy alcista, ya que la oferta disponible para comerciar se reduciría sustancialmente, y si la demanda se mantiene o aumenta, la presión alcista sería enorme. Es similar a la recompra y cancelación de acciones por parte de las empresas.
El segundo escenario es la incorporación de estos bitcoins a las reservas estratégicas de EE. UU. La Administración podría nacionalizarlos y gestionarlos como parte de un “stock estratégico digital” bajo control del Tesoro o la Reserva Federal. Este movimiento tendría un simbolismo histórico, reconociendo oficialmente a Bitcoin como activo de reserva estratégica. Además, podría impulsar a otros países a seguir el ejemplo, generando una tendencia global de fondos soberanos invirtiendo en Bitcoin. Para el mercado, sería similar a la congelación, en tanto que implica un bloqueo a largo plazo, pero con un mensaje político más fuerte y potencialmente más beneficioso.
El tercer escenario, y el más temido por el mercado aunque considerado menos probable, es la venta gradual mediante subastas. La transición o el Departamento de Justicia podrían vender estos bitcoins en el mercado abierto o en transacciones privadas, en fases. La historia de la venta de 50,000 bitcoins por parte del estado alemán en 2024, que provocó una caída del 15-20%, muestra que una venta de 600,000 bitcoins sería catastrófica. Inundaría la liquidez del mercado y provocaría una caída en espiral de los precios. Sin embargo, la mayoría de los analistas creen que los responsables estadounidenses son conscientes del daño que esto causaría y que el valor estratégico de mantenerlos supera con creces la ganancia de una venta rápida, por lo que la venta masiva sería la opción menos probable.
El “factor Venezuela” en el mercado global de Bitcoin: de la volatilidad a la reconfiguración a largo plazo
Independientemente del camino final, la “reserva en la sombra” de Venezuela está destinada a convertirse en un “factor ballena” en los mercados de Bitcoin en 2026 y en los años siguientes. Su existencia y posibles movimientos reconfigurarán la lógica del mercado desde múltiples dimensiones.
A corto plazo, el mayor impacto será la volatilidad por incertidumbre. Hasta que se aclaren completamente los derechos de control y las claves privadas se transfieran de forma segura (se informa que las claves podrían estar dispersas mediante mecanismos de múltiples firmas), el mercado seguirá bajo la sombra de una “gran venta”. Cualquier rumor sobre desbloqueos o disposiciones puede desencadenar ventas de pánico. Sin embargo, al igual que tras la noticia de la detención de Maduro, en que el precio de Bitcoin mostró una recuperación tras una breve volatilidad, el mercado está aprendiendo a digerir este evento extremo. Los inversores institucionales más maduros probablemente lo verán como una potencial reducción de oferta a largo plazo, y en caídas por pánico, podrán cubrirse o absorber.
A largo plazo, el impacto será aún más profundo. En primer lugar, confirma la utilidad definitiva de Bitcoin como “activo de resistencia a sanciones”. Un Estado soberano, enfrentado a un bloqueo financiero total, puede aún así construir reservas transfronterizas de cientos de millones de dólares en Bitcoin, difícilmente congelables. Esto sirve como ejemplo para otros países o entidades con riesgos geopolíticos similares, acelerando la tendencia de diversificación de activos soberanos hacia las criptomonedas. En segundo lugar, resalta la visión de diseño deflacionario de Bitcoin. Independientemente de la volatilidad, el límite de 21 millones de monedas no cambiará. La eliminación del 3% del suministro en circulación, en un mercado tradicional, sería catastrófico, pero en Bitcoin, debido a su protocolo deflacionario, este impacto quedará permanentemente incorporado en el mecanismo de descubrimiento de precios.
En definitiva, la historia de Venezuela es un ejemplo mordaz de cómo la narrativa de las criptomonedas pasa de ser un tema marginal a un elemento central. Ya no se trata solo de innovación tecnológica o especulación financiera, sino de supervivencia estatal, de juego geopolítico global y de la definición de soberanía de activos. Para cada participante del mercado, entender el “factor Venezuela” es entender cómo, en esta nueva era, las mareas geopolíticas pueden transmitirse a través de líneas de código en blockchain, afectando cada cuenta de activos digitales. La gran obra protagonizada por 600,000 bitcoins acaba de comenzar.