La situación en el mundo de las criptomonedas es interesante en este momento. El protocolo Naoris acaba de lanzar su red principal, y no es casualidad: en el horizonte se vislumbra el llamado Día Q, cuando las computadoras cuánticas poderosas podrán romper la criptografía que sustenta toda la seguridad de Bitcoin y Ethereum.



Google anunció esta semana que para hackear la cadena de bloques de Bitcoin se necesitarán menos de 500 mil qubits, mucho menos de lo que se pensaba anteriormente. Paralelamente, se detectaron vulnerabilidades graves en Ethereum que podrían afectar alrededor de 100 mil millones de dólares. Suena aterrador, pero aquí es donde entra en juego Naoris.

La diferencia es que esta cadena de bloques está construida desde cero con criptografía postcuántica, algoritmos que ya han sido aprobados por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos. El sistema incluye una transición de seguridad irreversible: en cuanto un usuario pasa a usar claves resistentes a la computación cuántica, el sistema bloquea automáticamente cualquier intento de usar métodos de cifrado antiguos y vulnerables.

En la fase de prueba, el protocolo pasó una revisión rigurosa. Se procesaron más de 106 millones de transacciones postcuánticas, se identificaron y eliminaron más de 603 millones de amenazas de seguridad, y se crearon más de 3,3 millones de billeteras. En esencia, no es solo una promesa en la hoja de ruta, sino un sistema ya en funcionamiento y medido.

El lanzamiento de la red principal se realizó con un número limitado de participantes estratégicos por invitación, quienes gestionan los primeros nodos validadores. Así se forma un nivel inicial de confianza antes de una expansión a gran escala. El token nativo NAORIS asegura el funcionamiento de la red, gestionando la seguridad de las transacciones y apoyando el consenso. En el momento del lanzamiento, su capitalización de mercado era de aproximadamente 35,79 millones de dólares.

Lo más interesante es que el sistema está diseñado para soportar billeteras, exchanges, redes de segunda capa y plataformas DeFi en el futuro. Es decir, el blockchain está preparado no solo para existir en una versión resistente a la computación cuántica, sino también para integrarse en un ecosistema más amplio. Así se plantea la protección de los activos frente a amenazas futuras.
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