Ayer escuché a dos colegas en la sala de descanso de la oficina. Uno decía que su salario era demasiado bajo, que hacía tantas cosas y solo ganaba muy poco, que era una gran injusticia. El otro decía que iba a hablar con el jefe para pedir un aumento. En ese momento pensé que tal vez estos dos estaban confundiendo una cosa: el salario no es su valor, sino simplemente el precio que pagan por vender su tiempo. Puede sonar un poco enrevesado, así que déjame explicarlo.

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