Una realidad dura: Bill Gates sigue siendo CEO, pero Microsoft no crece mucho. Si Bill Gates hubiera seguido siendo CEO, es muy probable que Microsoft no fuera la Microsoft de hoy. Esto no niega a Gates, es uno de los fundadores más grandes en la etapa 0→1. Pero el problema es: con las mismas habilidades, no se puede abarcar todo el ciclo de vida de una empresa. Gates representa: intuición tecnológica + control fuerte + juicio personal en la era del software. Esto fue una ventaja en los primeros días, pero en la era de la computación en la nube, la plataforma y la colaboración global, podría convertirse en una resistencia estructural. La verdadera transición de Microsoft no se logró con un “producto divino”, sino con algunas acciones extremadamente contraintuitivas del CEO posterior: abandonar el centralismo en Windows. Adoptar completamente la nube, abrazar el código abierto y reinventar la cultura y la forma de colaboración de la empresa. Este paso, es más importante que la tecnología en sí misma. Una regla de negocio dura pero real es: un gran fundador no siempre es un gran CEO a largo plazo. El éxito de Microsoft no radica en que el fundador tenga siempre la razón, sino en que — en el momento correcto — se atrevieron a reemplazar a las personas adecuadas por las correctas.
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Una realidad dura: Bill Gates sigue siendo CEO, pero Microsoft no crece mucho. Si Bill Gates hubiera seguido siendo CEO, es muy probable que Microsoft no fuera la Microsoft de hoy. Esto no niega a Gates, es uno de los fundadores más grandes en la etapa 0→1. Pero el problema es: con las mismas habilidades, no se puede abarcar todo el ciclo de vida de una empresa. Gates representa: intuición tecnológica + control fuerte + juicio personal en la era del software. Esto fue una ventaja en los primeros días, pero en la era de la computación en la nube, la plataforma y la colaboración global, podría convertirse en una resistencia estructural. La verdadera transición de Microsoft no se logró con un “producto divino”, sino con algunas acciones extremadamente contraintuitivas del CEO posterior: abandonar el centralismo en Windows. Adoptar completamente la nube, abrazar el código abierto y reinventar la cultura y la forma de colaboración de la empresa. Este paso, es más importante que la tecnología en sí misma. Una regla de negocio dura pero real es: un gran fundador no siempre es un gran CEO a largo plazo. El éxito de Microsoft no radica en que el fundador tenga siempre la razón, sino en que — en el momento correcto — se atrevieron a reemplazar a las personas adecuadas por las correctas.