Antes siempre pensaba que los hongkoneses eran supersticiosos, la empresa ese año contrató a un maestro de feng shui y gastó una cifra de siete dígitos, podría haber comprado mi destino. Desde el fondo de mi corazón, pensaba que era simplemente un impuesto a la inteligencia.
¿Y qué pasó? Ese año, el negocio de la empresa creció increíblemente bien, y cuando me fui, varias compañías como Hermes, Dior, Armani y otras estaban compitiendo por ofrecerme un puesto.
Mucho tiempo ha pasado, y todavía me sorprende recibir invitaciones. Me pregunto, ¿cómo lograron esas empresas mejorar su rendimiento en más de cien por ciento simplemente con la elección de la ubicación?
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Antes siempre pensaba que los hongkoneses eran supersticiosos, la empresa ese año contrató a un maestro de feng shui y gastó una cifra de siete dígitos, podría haber comprado mi destino. Desde el fondo de mi corazón, pensaba que era simplemente un impuesto a la inteligencia.
¿Y qué pasó? Ese año, el negocio de la empresa creció increíblemente bien, y cuando me fui, varias compañías como Hermes, Dior, Armani y otras estaban compitiendo por ofrecerme un puesto.
Mucho tiempo ha pasado, y todavía me sorprende recibir invitaciones. Me pregunto, ¿cómo lograron esas empresas mejorar su rendimiento en más de cien por ciento simplemente con la elección de la ubicación?