A finales de 1999, los medios financieros de Estados Unidos preguntaban en sus titulares de forma aguda: ¿Qué le pasa realmente a este inversor de leyenda?
Una comparación llamativa se presentaba allí. Berkshire Hathaway cayó un 23% ese año, mientras que el mercado en general subió un 18%, y las acciones tecnológicas se dispararon de manera loca. Este anciano evitaba cualquier cosa relacionada con Internet, y en el momento más salvaje de la burbuja de Internet, parecía fuera de lugar.
La voz del mercado era unánime: el tiempo ha cambiado, pero él no se ha adaptado. El consenso popular en el mundo de las inversiones era así de simple y directo. En ese momento, mantener sus propios principios de inversión parecía ser terquedad, en lugar de fortaleza.
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A finales de 1999, los medios financieros de Estados Unidos preguntaban en sus titulares de forma aguda: ¿Qué le pasa realmente a este inversor de leyenda?
Una comparación llamativa se presentaba allí. Berkshire Hathaway cayó un 23% ese año, mientras que el mercado en general subió un 18%, y las acciones tecnológicas se dispararon de manera loca. Este anciano evitaba cualquier cosa relacionada con Internet, y en el momento más salvaje de la burbuja de Internet, parecía fuera de lugar.
La voz del mercado era unánime: el tiempo ha cambiado, pero él no se ha adaptado. El consenso popular en el mundo de las inversiones era así de simple y directo. En ese momento, mantener sus propios principios de inversión parecía ser terquedad, en lugar de fortaleza.