La caída de Bitcoin en otoño de 2025: del pánico técnico a las lecciones para el sector

“Uptober” debía ser el mes de la recuperación, como la historia sugería. Sin embargo, octubre de 2025 marcó uno de los recesivos más severos de la década, transformando las expectativas alcistas en una espiral de aversión al riesgo que arrasó todo el ecosistema cripto. Entre el 5 y el 7 de octubre, Bitcoin alcanzó picos históricos en la franja de 124.000-126.000 dólares, para luego iniciar una caída imparable que, en noviembre, eliminó aproximadamente un tercio de su capitalización y más de 1 billón de dólares del valor total del mercado.

El evento catastrófico: qué ocurrió en el fin de semana del 10-12 de octubre

El momento de máxima tensión se concentró en el fin de semana entre el 10 y el 12 de octubre. En pocas horas, el precio de Bitcoin cayó vertiginosamente por debajo de los 105.000 dólares, mientras Ethereum registraba pérdidas del 11-12 por ciento y muchas altcoins sufrían bajadas entre el 40 y el 70 por ciento. En pares con poca liquidez, se produjeron flash crashes casi anulado. No fue una simple corrección de mercado, sino un violento evento de deleveraging que expuso las fragilidades estructurales del sector.

En menos de 24 horas, posiciones apalancadas por un monto entre 17 y 19 mil millones de dólares fueron liquidadas automáticamente, involucrando hasta 1,6 millones de traders distribuidos globalmente. Los niveles de soporte se rompieron uno tras otro, los algoritmos aceleraron las ventas, y numerosos exchanges se encontraron gestionando flujos de órdenes en un contexto de liquidez repentinamente extremadamente restringida. La consecuencia fue una ola de pánico reminiscentemente del “crypto winter” de 2022, aunque con una diferencia relevante: no fue un solo proyecto el que colapsó, sino todo el conjunto de exposiciones apalancadas.

Causas profundas: más allá del chispazo político

El anuncio sorpresivo de aranceles de hasta el 100 por ciento sobre las importaciones chinas por parte de la administración Trump fue el catalizador inmediato, desencadenando una amplia aversión al riesgo en los mercados globales. Las criptomonedas, siempre sensibles a los cambios de sentimiento, se pusieron en primera línea: quienes operaban con apalancamiento excesivo no tuvieron tiempo de reaccionar antes de que margin calls y liquidaciones automáticas tomaran el control.

Sin embargo, reducir lo ocurrido solo al anuncio de los aranceles sería superficial. La polvorera ya estaba llena. Durante meses, el mercado había mantenido un equilibrio precario entre una narrativa de superciclo alcista y una realidad macroeconómica contradictoria. Por un lado, los recortes de tasas de la Reserva Federal y los programas de compra de activos sugerían un retorno de liquidez. Por otro, las comunicaciones oficiales permanecían prudentes: no esperen liquidez fácil sin condiciones.

El uso masivo de apalancamiento había hecho que el sistema fuera extremadamente vulnerable. Cuando el precio empezó su movimiento a la baja, el cierre forzado de estas posiciones amplificó la caída mucho más allá de lo que la sola noticia geopolítica podría justificar. Además, hay un elemento psicológico a menudo subestimado. Tras meses de discusiones sobre Bitcoin por encima de los 150.000 dólares y una capitalización cripto de 5-10 billones de dólares, una gran parte de los traders estaba convencida de que el rally era casi inevitable. Cuando la realidad desmintió esas expectativas, la brecha entre la “narrativa de mercado” y los “precios efectivos” convirtió la duda en pánico generalizado.

El escenario actual: Bitcoin oscila entre $90.79K y la incertidumbre

Actualmente, Bitcoin oscila muy por debajo de sus máximos históricos, situándose en torno a los 90.000-93.000 dólares, es decir, aproximadamente un 25-27 por ciento por debajo del pico de octubre. Según datos en tiempo real, el precio se sitúa en $90.79K, con máximos de 24h alrededor de $92.52K. En este contexto macro caracterizado por los recortes de tasas de la Fed, el sentimiento sigue siendo claramente cauteloso en todo el sector cripto.

La gran pregunta que circula en los desks de trading es sencilla: ¿lo peor ya pasó, o el fin de año podría traer otra fase de bajada?

Tres escenarios para las próximas semanas

Escenario 1 – Asimilación gradual del shock: El primer escenario describe un mercado que integra progresivamente el shock. Algunos informes ya señalan un lento retorno de la acumulación por parte de los holders a largo plazo y movimientos de reequilibrio que aumentan la exposición en Bitcoin y grandes capitalizaciones en detrimento de las altcoins más especulativas.

Escenario 2 – Lateralización nerviosa prolongada: En el segundo escenario, el mercado deja de colapsar pero se tambalea en el rebote. Es la fase típica donde quienes tienen un horizonte corto sufren especialmente, ya que las señales falsas se multiplican y la volatilidad intradía no se traduce en una verdadera direccionalidad a medio plazo.

Escenario 3 – Una nueva pata bajista: El tercero y más temido prevé mayores caídas. En esa circunstancia, no sorprendería ver a Bitcoin probar con mayor determinación la zona entre 70.000 y 80.000 dólares, mientras el sector altcoin registraría volúmenes deprimidos y pocos catalizadores positivos a corto plazo. Sin embargo, la realidad podría ser una combinación dinámica de estos tres escenarios: recuperaciones parciales alternadas con fases de congestión y nuevas oleadas de volatilidad relacionadas con decisiones de la Fed, BCE y desarrollos geopolíticos.

La estacionalidad histórica: qué dicen los datos del trimestre final

Desde una perspectiva de análisis cuantitativo, la estacionalidad mensual de Bitcoin ofrece puntos de interés. Observando el comportamiento medio de BTC desde 2017 hasta 2024, se desprende que el cierre de año tiende a ser medianamente alcista en los últimos ocho años, aunque con una volatilidad considerable.

Al analizar los años individualmente, el panorama se vuelve más complejo: trimestres finales con fuertes rallies se alternan con otros caracterizados por caídas significativas. Esta variabilidad sugiere que factores contextuales y macroeconómicos juegan un papel al menos tan relevante como la simple estacionalidad calendarizada. El hecho de que octubre haya dado un golpe tan severo podría alterar los patrones históricos, ya que los efectos psicológicos de un desplome así tienden a prolongarse más allá del mes en que ocurren.

Cómo responde el capital institucional

En comparación con ciclos anteriores, esta vez el mercado presenta una presencia más estructurada de capital institucional. Muchos fondos que en 2021-2022 trataban las criptomonedas casi exclusivamente desde una perspectiva especulativa ahora las integran en estrategias macro más amplias y diversificadas.

A pesar del drawdown de octubre, los indicadores provenientes de varios desks sugieren más reequilibrios y coberturas que una salida definitiva del activo. Al mismo tiempo, el evento de octubre atrajo la atención de las autoridades regulatorias. Los marcos para ETF spot y stablecoins ven lo ocurrido como una validación de que la cuestión ya no es si regular el sector, sino cómo hacerlo preservando la innovación.

Varias propuestas contemplan mayor transparencia sobre el apalancamiento, requisitos más estrictos de gestión del riesgo para los exchanges y estándares de reporte uniformes para los operadores institucionales expuestos a las criptomonedas.

Reflexiones finales: madurez bajo presión

La caída de octubre de 2025 no es meramente otro capítulo en la historia de la volatilidad cripto. Por alcance, causas y consecuencias, representa una prueba crucial de la madurez del sector. Ha demostrado cómo un shock geopolítico puede propagarse en minutos a través de un ecosistema globalizado, altamente interconectado y aún dominado por dinámicas de apalancamiento agresivas.

Sin embargo, también ha confirmado que el mercado sigue siendo líquido y operativo incluso bajo presión extrema, y que la presencia de actores institucionales transforma el enfoque “todo o nada” del pasado en un proceso de reequilibrio más elaborado. Para los inversores que miran hacia el fin de año, el reto no es adivinar el precio exacto de Bitcoin en diciembre, sino reconocer la naturaleza de esta fase de transición.

Por un lado, existe un riesgo concreto de nuevos shocks alimentados por la incertidumbre macroeconómica y geopolítica. Por otro, hay señales de que el desplome ha acelerado la selección natural entre proyectos fundamentalmente sólidos y pura especulación que el mercado venía postergando. Las criptomonedas siguen siendo un activo de alto riesgo, donde la palanca debe gestionarse con máxima cautela, especialmente cuando el contexto macro es complejo. Justamente porque la volatilidad es intrínseca al ciclo cripto, quienes permanezcan en el mercado deben hacerlo con un horizonte claro, una gestión del riesgo rigurosa y la conciencia de que momentos como octubre de 2025 no representan una desviación, sino una componente estructural del sector.

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