Veinte años de reversión: la comparación de poder entre China y Japón pasa de ser "mirar hacia arriba" a "mirar desde arriba"

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Veinte años son suficientes para reescribir el destino de un país. Al abrir los datos comparativos de la economía de China y Japón, esas cifras cuentan la historia de una era de cambios profundos.

En 2000, el PIB de Japón alcanzaba los 4.97 billones de dólares, ocupando el segundo lugar en el mundo, mientras que China apenas llegaba a 1.21 billones de dólares, con una diferencia que parecía insalvable. En aquel entonces, “Made in Japan” gozaba de prestigio mundial, las luces de neón de Tokio brillaban como símbolo del futuro económico de Asia, y China aún estaba en la línea de partida de su industrialización, esforzándose por alcanzarla.

Para 2023, la situación se ha invertido por completo: el PIB de China ha subido a 17.7 billones de dólares, mientras que Japón se mantiene en 4.23 billones. La brecha que antes era de 4 veces ahora se ha ampliado a 4.2 veces, acercándose a 5 veces. Lo más llamativo es que Japón no solo ha sido superado por China, sino que incluso enfrenta la posibilidad de ser rebasado por Alemania, cayendo al cuarto lugar mundial. Esto no es solo una reversión numérica, sino una reescritura disruptiva de las trayectorias de desarrollo de ambos países.

Campo tecnológico: de seguir el ritmo a liderar en una elevación integral

El tamaño de la economía determina la base, pero la capacidad tecnológica es la verdadera clave de la competitividad. En veinte años, la competencia en tecnología entre China y Japón ha evolucionado de “igualdad en el ritmo” a “superar ampliamente”.

En el ámbito aeroespacial, China ha avanzado con firmeza en la exploración espacial tripulada y en el programa lunar, con la misión Chang’e y las misiones de suministro Tianzhou ya habituales, mientras que Japón sigue limitado por la red de comunicaciones espaciales de EE. UU., con capacidades autónomas restringidas.

En fabricación aeronáutica, China ha lanzado productos destacados como el avión de pasajeros C919 y el transporte de gran tamaño Y-20, rompiendo el monopolio occidental. La industria naval también es motivo de orgullo para China: su volumen de construcción, nuevos pedidos y pedidos en cartera lideran el mundo año tras año, con ventajas absolutas en buques de transporte de LNG, buques portacontenedores ultra grandes y otros sectores de alta gama.

El cambio más evidente se ha producido en el sector de vehículos eléctricos nuevos. En 2023, China representó más del 60% de la producción y ventas globales de vehículos eléctricos, y sus exportaciones superaron a Japón, convirtiéndose en la primera del mundo. Desde BYD hasta las fábricas de Tesla en China, desde NIO hasta Li Auto, las marcas chinas están redefiniendo el mapa de la industria automotriz global. En áreas clave como diseño de chips, comunicaciones 5G y materiales para energías renovables, China también ha obtenido notables avances.

Inversión en I+D: la fuente de innovación se ha desplazado hacia Oriente

Detrás del avance tecnológico, está la inversión constante en investigación y desarrollo. China ha logrado una doble superación en inversión total y en proporción respecto al PIB.

En 2022, el gasto en investigación básica alcanzó los 195.1 mil millones de yuanes, duplicándose en cinco años, superando ampliamente a Japón en escala total. Más importante aún, en calidad y eficiencia de la inversión: según datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, China ha liderado en solicitudes internacionales de patentes PCT durante varios años consecutivos, con más del doble de solicitudes que Japón. Esto indica que el “cerebro” de la innovación está operando a toda máquina en Oriente.

Infraestructura y bienestar: la brecha de desarrollo visible en los postes de electricidad

Si la economía y la tecnología son indicadores de la fuerza nacional, la infraestructura refleja la calidad de vida. En esta comparación entre China y Japón, aparecen detalles interesantes y también impactantes.

El espíritu de “locura por la infraestructura” de China se ha manifestado plenamente en la construcción urbana. La undergroundización de cables se ha convertido en un estándar en la planificación urbana: para 2025, se exige que las ciudades de nivel prefectura y superiores tengan una tasa de cableado subterráneo del 85%, y en el centro de Beijing se ha alcanzado el 100%. Pasear por las calles de Beijing revela un horizonte urbano limpio y ordenado, ya casi un estándar.

En contraste, en Tokio, la situación es completamente diferente. Japón aún mantiene en pie unos 36 millones de postes de electricidad, y cada año añade unos 70,000 más. La tasa de cableado subterráneo en el centro de Tokio es solo del 8%, con cables enmarañados que cruzan el cielo, convirtiéndose en un “mal” del paisaje urbano. Esto no solo afecta la estética, sino que refleja la orientación lucrativa de las empresas eléctricas privadas y el desequilibrio con el interés público.

La fábula de veinte años en tiempos de cambio

De mirar hacia arriba a mirar hacia abajo, esta inversión en la relación entre China y Japón es solo un reflejo de la reconfiguración del poder global en veinte años. China ha escrito su milagro de desarrollo con trabajo concreto, y ha logrado la superación mediante inversión. Esta historia continúa, y apenas acaba de comenzar.

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