**Siguiendo el dinero: Cómo la riqueza de los presidentes de EE. UU. cambia después de dejar el cargo**
La transformación financiera de los líderes estadounidenses una vez que abandonan la Casa Blanca no es nada menos que sorprendente. Eche un vistazo más de cerca a cuánto evolucionó la fortuna neta de Bill Clinton, pasando de unos modestos 1,3 millones de dólares al entrar en el cargo a unos impresionantes 241,5 millones después. Su trayectoria destaca como uno de los ejemplos más dramáticos entre los mandatarios recientes.
**La brecha de riqueza entre antes y después de la presidencia**
Pero Clinton no está solo en esta historia. Barack Obama vio cómo su fortuna saltó de 1,3 millones de dólares a $70 millones, mientras que la riqueza de Ronald Reagan creció de 10,6 millones a 15,4 millones. Incluso George H.W. Bush experimentó una expansión significativa, pasando de $4 millones a $23 millones. George W. Bush casi duplicó sus holdings, pasando de $20 millones a $40 millones.
Luego está el caso atípico: la fortuna neta de Donald Trump en realidad disminuyó, pasando de 3,7 mil millones a 2,5 mil millones, una contracción rara en esta colección de historias financieras mayormente alcistas.
**Lo que esto revela**
El patrón es innegable. La mayoría de los presidentes dejan el cargo con una riqueza sustancialmente mayor que cuando llegaron. Ya sea a través de honorarios por conferencias, acuerdos de libros, trabajos de consultoría u otras ventures, el período post-presidencial representa una fase lucrativa para estas figuras. Los datos hablan en volumen sobre las oportunidades económicas que siguen al servicio público en el más alto nivel—y plantean preguntas interesantes sobre las trayectorias de acumulación de riqueza para quienes ocupan cargos de poder.
¿Cuál es tu lectura sobre estos números?
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**Siguiendo el dinero: Cómo la riqueza de los presidentes de EE. UU. cambia después de dejar el cargo**
La transformación financiera de los líderes estadounidenses una vez que abandonan la Casa Blanca no es nada menos que sorprendente. Eche un vistazo más de cerca a cuánto evolucionó la fortuna neta de Bill Clinton, pasando de unos modestos 1,3 millones de dólares al entrar en el cargo a unos impresionantes 241,5 millones después. Su trayectoria destaca como uno de los ejemplos más dramáticos entre los mandatarios recientes.
**La brecha de riqueza entre antes y después de la presidencia**
Pero Clinton no está solo en esta historia. Barack Obama vio cómo su fortuna saltó de 1,3 millones de dólares a $70 millones, mientras que la riqueza de Ronald Reagan creció de 10,6 millones a 15,4 millones. Incluso George H.W. Bush experimentó una expansión significativa, pasando de $4 millones a $23 millones. George W. Bush casi duplicó sus holdings, pasando de $20 millones a $40 millones.
Luego está el caso atípico: la fortuna neta de Donald Trump en realidad disminuyó, pasando de 3,7 mil millones a 2,5 mil millones, una contracción rara en esta colección de historias financieras mayormente alcistas.
**Lo que esto revela**
El patrón es innegable. La mayoría de los presidentes dejan el cargo con una riqueza sustancialmente mayor que cuando llegaron. Ya sea a través de honorarios por conferencias, acuerdos de libros, trabajos de consultoría u otras ventures, el período post-presidencial representa una fase lucrativa para estas figuras. Los datos hablan en volumen sobre las oportunidades económicas que siguen al servicio público en el más alto nivel—y plantean preguntas interesantes sobre las trayectorias de acumulación de riqueza para quienes ocupan cargos de poder.
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