En 2015, compraste $10,000 en ETH, y hoy en día, esa inversión en tu cuenta se ha convertido en 200 millones. Suena como una buena oportunidad que cae del cielo.
Pero una vez que sacas la gráfica real y la miras, entiendes lo que es la tortura psicológica:
No es simplemente de A a B. Cada retroceso en medio es una prueba de vida o muerte.
Cuando sube a 14 millones, empiezas a creer que eres un inversor genio. Cuando cae a 390,000, ya estás pensando en vender para cortar pérdidas. Luego, cuando vuelve a subir a 93 millones, sientes que todo valió la pena. Pero de repente, cae a 530,000, y en ese momento, tus manos empiezan a temblar.
La pregunta más dolorosa en realidad es muy simple: ¿realmente puedes mantenerlo?
La mayoría de las personas no pueden responder a esta pregunta. No porque la respuesta sea difícil, sino porque sus carteras ya han tomado la decisión por ellos.
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En 2015, compraste $10,000 en ETH, y hoy en día, esa inversión en tu cuenta se ha convertido en 200 millones. Suena como una buena oportunidad que cae del cielo.
Pero una vez que sacas la gráfica real y la miras, entiendes lo que es la tortura psicológica:
10,000→1,000,000→14,000,000→390,000→30,000,000→1,200,000→93,000,000→530,000→322,000,000→54,000,000→200,000,000
No es simplemente de A a B. Cada retroceso en medio es una prueba de vida o muerte.
Cuando sube a 14 millones, empiezas a creer que eres un inversor genio. Cuando cae a 390,000, ya estás pensando en vender para cortar pérdidas. Luego, cuando vuelve a subir a 93 millones, sientes que todo valió la pena. Pero de repente, cae a 530,000, y en ese momento, tus manos empiezan a temblar.
La pregunta más dolorosa en realidad es muy simple: ¿realmente puedes mantenerlo?
La mayoría de las personas no pueden responder a esta pregunta. No porque la respuesta sea difícil, sino porque sus carteras ya han tomado la decisión por ellos.