Japón está adentrándose aún más en una fase de endurecimiento del cumplimiento en el ámbito del cripto, con un enfoque que esta vez no consiste en aprobar productos nuevos ni en conceder licencias a las bolsas, sino en hacer que las actividades con activos digitales sean más difíciles de ocultar ante las autoridades fiscales. El núcleo de este cambio es el Crypto-Asset Reporting Framework (CARF), un mecanismo respaldado por la OCDE destinado a intercambiar automáticamente información sobre ciertas transacciones de cripto relacionadas con no residentes.
Según las nuevas directrices de la Agencia Tributaria Nacional de Japón, este marco entrará en vigor el 1/1/2026 y el primer informe vencerá en 2027. Esto sitúa a Japón en la misma corriente del sistema de reportes transfronterizos que se está expandiendo globalmente, donde las bolsas se convierten en puntos de recopilación de datos y los usuarios pasan a ser sujetos que deben declarar claramente su identidad y su residencia fiscal.
En términos de funcionamiento práctico, los proveedores de servicios de cripto en Japón deberán verificar la residencia fiscal de los usuarios, recopilar la self-certification y reportar la información relacionada con las transacciones de cripto incluidas en el ámbito regulado. Los datos requeridos incluyen el nombre, la dirección, la región de residencia, el número de identificación fiscal extranjero, el tipo de activo digital y el valor total de las transacciones.
Cabe destacar que esto no es un mecanismo de supervisión pública de todos los usuarios nacionales, pero aun así cambia de forma significativa la infraestructura de cumplimiento del mercado. Cuando la bolsa tiene que estandarizar la verificación de la residencia, el almacenamiento de registros y la presentación de informes anuales, el cripto se irá pareciendo cada vez más a un mercado financiero regulado con mayor rigor, en lugar de a un espacio casi aislado como antes.
La señal que llega desde Japón es bastante clara: el cripto sigue pudiendo existir y desarrollarse, pero ya no es una zona gris fácil de ocultar por anonimato. Para los usuarios, esto implica que el acceso a las bolsas autorizadas vendrá acompañado de requisitos similares a los de la banca tradicional: identificación, clasificación de la residencia fiscal, mantenimiento de registros y disponibilidad para reportes transfronterizos.