Las stablecoins han evolucionado en silencio de una tecnología experimental al pilar de los flujos diarios de liquidación y liquidez en la red financiera global. Para 2025, billones de dólares se movieron a través de “dólares digitales” con una velocidad y fiabilidad que muchos participantes del mercado no habían anticipado. A medida que se desarrolla 2026, la pregunta central para inversores, traders y creadores ya no es si las stablecoins funcionan, sino quién capturará el valor creado por su velocidad.
A pesar de la falta de una sola aplicación de consumo dominante o un momento decisivo de adopción generalizada, el diseño intencional y la utilidad en el mundo real impulsaron a las stablecoins hasta convertirlas en infraestructura crítica. La lección hasta ahora: los efectos de red y la calidad de las vías (rails) importan más que cualquier plataforma o caso de uso en particular, y la recompensa tiende a recaer en quienes optimizan el movimiento y la interoperabilidad, más que en quienes prometen ganancias especulativas desmedidas.
Puntos clave
La actividad on-chain de las stablecoins se disparó en 2025, con un movimiento total que superó $33 billones, un aumento de aproximadamente 72% frente a 2024, lo que subraya que la velocidad se ha convertido en el indicador definitorio de estos activos.
América Latina surgió como un frente práctico de adopción, donde las stablecoins sirven para mucho más que una cobertura: los usuarios argentinos representaron aproximadamente el 61.8% de la actividad on-chain en el ecosistema de la región, con Brasil muy cerca en torno al 59.8%.
Los fundamentos económicos de la infraestructura están cambiando: los ingresos por gestión de reservas, redes de distribución, exchanges y servicios de on‑ramp/off‑ramp se están concentrando cada vez más a nivel de intermediarios y vías de liquidación, no solo en traders especulativos.
La utilidad impulsada por la velocidad está reconfigurando los incentivos: en lugar de centrarse en la capitalización de mercado, la industria está analizando cómo las ganancias y los flujos pueden redirigirse hacia los usuarios y casos de uso de la economía real.
Las preguntas regulatorias y de gobernanza siguen siendo centrales: las licencias, la custodia y los marcos de liquidación influirán en quién obtiene beneficios de la actividad con stablecoins y bajo qué condiciones.
De la promesa a la infraestructura de liquidación
En retrospectiva, la industria cripto pasó gran parte de los últimos años persiguiendo métricas llamativas: market caps, debates sobre “Ethereum killer” y narrativas de precio aspiracionales. Pero el valor de las stablecoins reside en su utilidad como dinero flexible y programable que puede liquidar valor de forma rápida a través de fronteras y por distintos rails. Cuando la velocidad superó la simple acumulación, las stablecoins comenzaron a funcionar como capital de trabajo—integradas en tesorerías, pagos y liquidaciones transfronterizas—sin requerir un gran avance del consumidor para existir de manera significativa en el comercio diario.
Los datos on-chain dibujan un panorama claro: 2025 marcó un punto de inflexión en el que el volumen por sí solo del movimiento de stablecoins superó el crecimiento en la capitalización de mercado total. Con cientos de miles de millones de dólares circulando como reservas y pasivos, el sistema muestra una madurez que los responsables de políticas y los incumbentes financieros están observando de cerca. Este cambio se alinea con la idea más amplia de que el dinero que circula rápido reduce la necesidad de una oferta vasta para sostener la actividad, un guiño a la Teoría Cuantitativa del Dinero aplicada en una era digital.
América Latina como plano operativo
Si bien los mercados occidentales suelen encuadrar las stablecoins como vehículos de rendimiento o herramientas de liquidación, América Latina muestra cómo estos instrumentos pueden traducirse en resiliencia práctica frente a la inflación y la volatilidad de la moneda. Los patrones de uso de la región revelan una realidad funcional: las stablecoins se utilizan para preservar el poder adquisitivo y facilitar transacciones cotidianas cuando las monedas locales pueden fallar.
En Argentina, por ejemplo, los argentinos aprovechan las stablecoins para proteger activos frente a oscilaciones dramáticas de la moneda local, con niveles de adopción que indican una participación significativa de la actividad on-chain. Brasil queda ligeramente atrás, reflejando una tendencia continental más amplia hacia el uso de dólares tokenizados para navegar el estrés macroeconómico. Esto sitúa a América Latina no como una excepción, sino como un posible plano para otras regiones que enfrentan dinámicas similares de divisas y presiones inflacionarias.
A medida que reguladores internacionales y grupos de la industria observan la experiencia latinoamericana, se destaca una utilidad práctica que va más allá del trading especulativo. Insinúa un futuro en el que las stablecoins se convierten en una parte ordinaria de la infraestructura financiera—un resultado que podría extenderse a otras regiones con entornos macroeconómicos similares si existen los on‑ramps adecuados, estándares de custodia y experiencias de usuario.
La escalera de extracción de rentas y la carrera por la velocidad
La arquitectura que respalda a las stablecoins es, en efecto, una pirámide de participantes que se benefician de los flujos: emisores, exchanges, custodios, proveedores de liquidez y bancos tradicionales o neobancos que integran liquidaciones on-chain. El valor económico ligado a estos flujos se está capturando en múltiples niveles de esta pila.
Los emisores—liderados por los principales proveedores de stablecoins—obtienen ingresos de la gestión de reservas y del interés ganado sobre sus tenencias tipo efectivo, a menudo referido como el float. El análisis de la industria apunta a escenarios en los que emisores insignia han logrado alta eficiencia de procesos y rentabilidad por empleado al escalar operaciones de reservas y distribuir liquidez a través de redes.
Entre emisores y usuarios están los exchanges y los proveedores de on-/off‑ramp, que ganan comisiones por la liquidación, el ruteo y la provisión de liquidez. Estas entidades son cada vez más centrales en la narrativa de la velocidad, donde liquidaciones más rápidas, más baratas y más confiables se traducen en mayor capacidad de procesamiento de transacciones y en una capa de pagos más sólida para casos de uso en el mundo real.
Del lado bancario, los socios tradicionales y de neobanca han comenzado a integrar rails de stablecoins para habilitar depósitos tokenizados y servicios de liquidación on-chain. Esta integración crea corrientes adicionales de ingresos y profundiza el ecosistema financiero que rodea a las stablecoins, lo que potencialmente contribuiría a normalizarlas como una parte estándar de la infraestructura financiera, más que como un nicho especulativo.
Los reguladores, aunque no son beneficiarios directos, desempeñan un papel decisivo al determinar regímenes de licenciamiento, estándares de custodia y requisitos de cumplimiento. Sus decisiones influyen en quién puede participar, qué tan rápido puede moverse el capital y bajo qué salvaguardas. En este sentido, el entorno de políticas configura la distribución de rentas dentro de la economía de las stablecoins y puede ya sea acelerar o restringir el crecimiento impulsado por la velocidad.
Una vez más, América Latina ilustra el campo de batalla sobre la velocidad y los márgenes. Nuevas carteras, on‑ramps y ecosistemas de exchange compiten por capturar márgenes de comisiones vinculados al movimiento de stablecoins. El objetivo general para muchos participantes no es solo crecer en cuota de mercado, sino asegurar que la velocidad de los fondos se traduzca en valor ampliamente compartido para los usuarios y la economía en general.
Infraestructura a escala: qué sigue
A medida que las stablecoins transitan de ser una tecnología prometedora a una infraestructura ampliamente usada, su relevancia dependerá de dos factores entrelazados: una utilidad continua y confiable, y una gobernanza que alinee incentivos con el bienestar de los usuarios. El desenlace—un internet de valor donde las stablecoins funcionen sin problemas a través de fronteras, industrias y casos de uso—depende de qué tan eficazmente el ecosistema pueda sostener la velocidad mientras entrega beneficios tangibles para los usuarios cotidianos.
Observaciones macro recientes sugieren que las stablecoins manejaron decenas de billones en flujos de valor en 2025, validando su papel como herramientas de liquidación y tesorería incluso antes de la adopción generalizada por parte de consumidores. Con su velocidad ya establecida, el próximo año podría revelar quién está mejor posicionado para gobernar y monetizar esta infraestructura sin comprometer el control y el acceso de los usuarios.
La implicación más amplia para inversores y creadores es clara: la oportunidad tiene menos que ver con perseguir la próxima oleada especulativa y más con diseñar rails robustos y escalables que reduzcan las fricciones de las finanzas del mundo real. La estabilidad y la rapidez de estos rails pueden redefinir cómo se mueve el capital dentro y entre mercados emergentes, mientras que los reguladores advierten que la estructura y la gestión del riesgo deben evolucionar a la par con la adopción.
Opinión de: Jeff Handler, cofundador en OpenTrade.
Para los lectores que observan la evolución del dinero digital, la trayectoria sugiere que el “qué” de las stablecoins ya está resuelto: funcionan como una capa de liquidación y liquidez. Las preguntas restantes se centran en la gobernanza de quién obtiene ganancias, cómo se alinean las ganancias con los usuarios, y qué jurisdicciones fomentan mejor la velocidad sin comprometer la seguridad y la transparencia.
Este artículo se publicó originalmente como Who Benefits From Stablecoins? Tracing Fee Models and Beneficiaries on Crypto Breaking News – su fuente confiable para noticias cripto, noticias de Bitcoin y actualizaciones de blockchain.